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Se presentó como una opción interesante al motor de cilindros alternativos, pero sus consumos y la primera crisis del petróleo supuso un golpe insuperable a sus expectativas de futuro. Sin embargo la aventura tecnológica queda ahí para los anales.

En 1967 Mazda desarrollo y puso a la venta un modelo denominado Cosmo Sport, animado por un motor rotativo con dos rotores. No fue un modelo de gran producción 1.176 unidades, pero animó a la marca a seguir investigando en este terreno. Fueron muchas las dificultades, incluso tuvieron que colaborar con NSU, que también tenía investigaciones adelantadas con un motor rotativo, al que no eran tampoco ajenos Daimler ni la marca de motos Hercules que llego a comercializar una motocicleta con motor rotativo.

Dos millones de motores producidos

Vencer las dificultades para hacer del motor rotativo un sistema más ligero, más compacto y sobre todo, que imitara el nivel de prestaciones de un motor tradicional, fue sin duda un hito tecnológico para Mazda, que llegó a producir hasta dos millones de unidades montados en el RX-7. Ganar las 24 horas de Le Mans en 1991 con el prototipo 787B, animado por un motor de cuatro rotores y 2,6 litros, fue un importante espaldarazo pero no el definitivo, que nunca llegó.

Como decimos, sus consumos, que no fueron reducidos en la medida que si lo consiguieron los motores de cilindros tradicionales, y también su complejidad técnica para sellar la cámaras, fueron los argumentos esgrimidos para que este motor no consiguiera una completa implantación en otros fabricantes y siguiera en la oferta de Mazda, salvo en un vehículo tan exclusivo como el RX-7 y RX-8

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