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La revisión de los neumáticos es primordial, lo mismo que el buen mantenimiento. Ver cómo están nuestros neumáticos es fácil. La profundidad del dibujo se controla mediante los testigos de desgaste. En cuanto aparezcan, mejor cambiarlos. El dibujo debe ser uniforme en toda la banda de rodadura. Si se desgasta más por un solo borde, el exterior o el interior, esta denunciando problemas con la geometría del tren delantero. Si se desgastan por el centro de la banda de rodadura, circulamos con exceso de presión. Si se desgastan los dos bordes externos, hemos circulado con la presión por debajo de los niveles recomendados, gastando más combustible y poniendo en riesgo nuestra seguridad.
Por otro lado, los flancos no deben estar agrietados y no deben presentar ningún bulto que indique que las telas interiores están resquebrajadas, mostrando un serio peligro de reventón. Esto es debido a la acción de los bordillos y los baches sobre los neumáticos. Los impactos y rozamientos contra estos elementos de la calzada rompen las lonas interiores y provocan estas peligrosas deformaciones.
Si los neumáticos tienen pocos kilómetros, pero mucho tiempo montados es mejor plantearnos la sustitución. La goma no está fresca, es menos dúctil y lo notaremos sobre todo cuando circulemos sobre carreteras mojadas.
Esta periódica revisión lleva muy poco tiempo, y podemos aprovechar cuando comprobemos la presión. Si nuestros cuatro puntos de apoyo no son seguros, el resto de los niveles de seguridad se resienten.

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