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La quinta generación de este deportivo japonés firmado por Toyota llega bajo los auspicios de BMW. Ha sido presentado en el Salón de Detroit.

Para analizar la génesis de este nuevo representante de Toyota hay que unir algunas variables. La primera, el modelo, un deportivo tradicional en la  marca pero que desde hacía bastante tiempo estaba desclasificado, desde 2002. Otro elemento importante es la presencia, o más bien la implicación directa en el desarrollo del equipo de Toyota Gazoo Racing, de ahí las siglas GR. Por fin, la utilización de una base BMW, concretamente la del actual BMW Z4 para definir todos sus argumentos técnicos y mecánicos, aunque la puesta a punto y adaptación a los estándares deportivos de Toyota haya sido realizada por Gazoo Racing. Por último, la producción de este nuevo Toyota en las factorías que BMW posee en Austria, concretamente en la población de Graz.

El esquema es el tradicional de los grandes deportivos modernos, con el permiso claro está del nuevo Porsche 911. Motor delantero longitudinal y propulsión posterior. Esto condiciona el diseño, adoptando un capó delantero de grandes dimensiones, una distancia entre ejes más recortada de lo habitual, neumáticos de enormes dimensiones y, por supuesto, un estricto habitáculo para dos ocupantes.

Su diseño responde a los últimos conceptos estéticos de la marca, ya desvelados en parte en el Toyota GT 86. Un frontal muy afilado, con una zona inferior espectacular por sus entradas de aire y sus apéndices aerodinámicos, un techo característico, que sube hacia su zona media en un intento de ofrecer mayor espacio para las cabezas de los ocupantes, y una zaga no menos impresionante, con un marcado alerón fijo y una marcada zona de escapes.

Su interior es bastante más convencional, aunque responde a lo que cabe esperar de un vehículo deportivo de este nivel. Se ha buscado que la visibilidad delantera sea máxima, jugando con la altura del salpicadero y la posición relativa de la banqueta del asiento, pero al mismo tiempo se ha trabajado sobre la postura de conducción.

Interior a la moderna escuela

La instrumentación y los mandos ponen en su centro de operaciones al conductor, diseñando un volante que permite que a través de él nos llegue perfectamente la información de una pantalla de 8,8 pulgadas. Como colofón, los asientos están derivados directamente de los de competición, van tapizados en Alcántara y llevan el reposacabezas integrado.

Dispondrá de varios motores, de cuatro y seis cilindros en línea, pero la realidad es que al mercado europeo sólo llegará el más prestacional de seis cilindros con tres litros de cilindrada y 340 CV de potencia. Como curiosidad, lo mismo que otros súper deportivos, ofrece la función Launch Control para permitirnos obtener las mayores prestaciones y aceleración en arranque sin que seamos unos conductores expertos. La cifra que veremos en nuestro crono será de 4,3 segundos en llegar a los 100 km/h. Con este motor llega una caja de cambios automática de 8 relaciones y se ayuda para mejorar la tracción y la estabilidad mediante un diferencial activo.

Ya que estaban en Alemania para realizar el desarrollo de este vehículo, la marca presume de que parte de la puesta a punto se ha realizan en el circuito de Nürburgring. Se ha conseguido un reparto de pesos del 50:50 gracias a desplazar el motor hacia atrás. Los neumáticos elegidos son los Michelin Súper Sport montados en llantas de 19 pulgadas, mientras que para la suspensión y frenos no se han escatimado medios. Brazos de aluminio para las suspensiones, las delanteras montadas en un bastidor auxiliar, bujes de rueda de competición, dos modos de dirección, Comfort y Sport y frenos equipados con pinzas de cuatro bombines. Como vemos en primer representante de Gazoo Racing no ha llegado desprovisto de unas enormes ambiciones y posibilidades deportivas.

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