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El nuevo Ford Focus representa ya la cuarta generación de este notable compacto. Brillante en la primera edición, menos proporcionado y destacable en la segunda. Diferente estéticamente, pero ligeramente continuista en la tercera y soberbia en esta cuarta que ahora conducimos que, sin duda, le coloca a la cabeza de su segmento.

Los modelos compactos se han mantenido como el segmento más demandado en Europa, con permiso de los SUV compactos como el Ford Kuga, que mantienen una tendencia al alza verdaderamente intimidadora.

Ford ha sido, dentro de los generalistas, una de las marcas preferidas en este segmento, junto a Volkswagen y Renault, y toda la culpa la ha tenido su modelo Focus que, como ya hemos comentado, llega ahora a la cuarta generación en plenitud de forma, después de numerosas ediciones de sus afamados Escort.

La versión que hemos tenido la oportunidad de conducir ha sido la animada por el brillante motor de 1,5 litros y 120 CV de gasóleo, con acabado deportivo ST Line y cambio automático de 8 relaciones. No nos equivocamos si afirmamos que sin duda se nos plantea como un modelo que hace temblar los cimientos de su categoría y que de momento, y hasta que llegue la octava generación del Golf, podemos decir que se erige como el vehículo más brillante y recomendable de su segmento.

Estéticamente resulta muy atractivo, ayudado por el estilo deportivo de su carrocería firmada por el diseño ST, aunque en términos más realistas puede ser, como veremos, su único defecto.  Este acabado ST resulta llamativo por dentro y por fuera, aunque el Focus destaca por sí solo por su diseño exterior, sin la ayuda de la parafernalia ST, y por un interior con cifras brillantísimas en cuanto a habitabilidad y calidad de realización.

Como hecho a medida

Es un coche que, como se dice habitualmente, nos cae como un guante. Con pocos y muy ligeros  ajustes lo adaptamos a nuestras necesidades, lo que nos coloca frente al volante en la situación exacta para controlar la situación y conducir en una postura eficaz y confortable al mismo tiempo. Buena parte de estas ventajas las proporcionan los excelentes asientos deportivos. Cuando probemos una unidad menos especial ya veremos si esta buena impresión se mantiene.

También tenemos que destacar su solidez, en la forma de un buen diseño, de calidad de ajustes y materiales y de una eficaz distribución de todos los elementos que nos permiten controlarlo,  que precisamente no son pocos ya que en sistemas de seguridad la oferta es más que completa desde todos los puntos de vista, aunque lógicamente debemos tener en cuenta lo que es de serie y opcional para situarlo convenientemente por precio.  Lo mismo sucede con los sistemas de comunicaciones e infoentretenimiento.

Pero sin duda lo que más nos ha gustado es su comportamiento. Esa homogeneidad general, esa sensación de tener todo puesto en su sitio y en las mejores condiciones, es una sensación que seguimos experimentando cuando hablamos de sus suspensiones. Con la dureza justa, penalizada quizás en algún punto por la monta de neumáticos, forma una unidad completa y acertada con la dirección, bastante rápida y muy precisa por cierto. Además esta versión ST Line se caracteriza por una altura al suelo ligeramente reducida -10 mm, con lo que el balanceo es practicamente inexistente. Es fácil de conducir, apoya de una vez sin titubeos y se muestra inmisericorde con las irregularidades del terreno, que son absorbidas de forma muy eficaz, disminuyendo su influencia en el volante y en la trayectoria del vehículo.

Los frenos son casi exagerados para sus pretensiones velocistas, ya que a pesar de su aspecto, no dejamos de estar ante un voluntarioso motor diésel, pero con las normales limitaciones de un motor de solo 120 CV de potencia que se adapta bastante poco a su estilo exterior, del que se espera muchísimo más. Su cambio automático de 8 relaciones con levas en el volante y un selector circular muy a la moda de las berlinas de lujo,  completa el cuadro, aunque, lo mismo que el acabado ST, le coloca quizás en lo único que se puede criticar.

Cada cual que elija lo que más le guste, faltaría más, pero la monta de neumáticos y el cambio automático, aunque nos ha permitido conseguir unos consumos de 6,3 litros en más de 1.300 km de pruebas, podrían haber mejorado estas cifras, incluso quedarse en los 5,3-5,5 litros si los neumáticos fueran menos ostentosos y el cambio fuera manual. Es una impresión, que aunque tenga influencia en su comportamiento y en su estilo, pensamos que penaliza al propulsor, preparado para mayores logros. Seguro que con el acabado Titanium, además de ahorrarnos unos miles de euros, nos peremitiria rebajar ligeramente los costes de carburante.

Como resumen, seguimos en nuestros argumentos. El Focus para nosotros en estos momentos el mejor compacto del mercado. En esta versión, en la que prevalece lo deportivo, destaca su diseño exterior; por su interior, tanto por los mencionados argumentos sport como por su habitabilidad y en general, incluido el cambio automático, se nos muestra como un auténtico y seguro devorador de distancias. Quizás sea algo desequilibrado juntar su aspecto con solo 120 CV, pero seguro que nadie, y aunque los consumos mejoren en otros acabados, se sentirá decepcionado una vez que se coloque a los mandos y recorra solo algunos kilómetros.

Ficha Técnica

Motor

Nº Cilindros: 4 en línea

Cilindrada: 1.499 cm3

Tipo de combustible: Gasóleo

Potencia: 120 CV a 3.600 rpm

Par máximo: 300 Nm de 1.750 a 2.250 rpm

Cambio: Automática de 8 relaciones. Convertidor de par

Neumáticos: 235/40 ZR 18

Carrocería

Nº de plazas: 5

Peso en vacío: 1.394 kg

Depósito de combustible: 47 litros

Largo/Ancho/Alto: 4.378/1.825/1.452 mm

Vía delantera/trasera: 1.572/1.553 mm

Distancia entre ejes: 2.700 mm

Capacidad del maletero: 375 dm3

Prestaciones

Velocidad máxima: 193 km/h

Aceleración de 0 a 100 km/h: 10,2 s

Consumos Urbano/Extraurbano/Mixto: 4,8/4,0/4,3 l/100 km

Emisiones: 113 gr CO2/km

PRECIO: 26.700 euros

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