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La industria del automóvil, junto con la del turismo, es uno de los pilares fundamentales de nuestra economía. Y justo estos dos pilares han sido especialmente maltratados por esta Pandemia.

Las consecuencias son devastadoras. Por ejemplo, las cifras de ventas en 2020 se espera que solo lleguen  a los 700.000 coches, cifras de 2012. Si pensamos que en 2019 se matricularon 1.258.260 automóviles, podemos extraer las consecuencias del Covid-19 en esta industria.

El sector se enfrentaba además a un cambio de conceptos medioambientales, que obligaban a pagar enormes multas por unidad vendida que superara los 95 gramos de C02. Concretamente 95 euros por gramo, aunque con rebajas en función de otros factores.

Es cierto que con la bajada de ventas estas multas serán más limitadas, pero la pregunta es, ¿se mantendrán o experimentarán estas normas una moratoria de algunos años. De momento yo se ha visto ninguna noticia al respecto, pero lo que sí se aprecia es que en estos momentos pensar en estas penalizaciones parece completamente inapropiado y casi imposible.

Procurar no perjudicar al medio

Las consecuencias, si no hay una reconversión de la movilidad, tampoco van a ser buenas para el medio ambiente de las ciudades, ahora que se prima el transporte individual frente a los colectivos. Sería una consecuencia asumible en esta situación tan excepcional, en la que hay que elegir el escenario menos malo, pero también podría ser una buena situación para primar de forma mucho más intensa el coche más limpio.

Las marcas sin embargo necesitan ayudas para amortizar las inversiones realizadas, ya sea en coches térmicos, como en vehículos electrificados. Cuando hablamos de coches limpios estamos hablando de todos, incluidos los que llevan el sistema Mild Hibrid, que entendemos deberían proliferar mucho más y llegar prácticamente a todos los vehículos a la venta.

Los vehículos híbridos o híbridos enchufables y no digamos los eléctricos, son bastante caros. Este sistema de hibridación suave no aporta unas reducciones de consumo extraordinarias, pero si ponemos en la balanza su baja complejidad, su precio y la disminución de consumos, pensamos que podrían ser en la actualidad, tal y como cambian las cosas, una posibilidad rápida de las fábricas de ganar tiempo y ventas si la administración plantea algún tipo de ayudas. Seria abrazar la posibilidad menos buena, pero al fin y al cabo avanzaríamos.

Otro tanto sucede con las nuevas tecnologías. El Covid 19 ha puesto incluso en entredicho la pila de combustible. Lo mismo que las marcas están realizando ajustes de plantilla, también realizan, con este nuevo horizonte que nos planteamos, estudios de costes para seguir desarrollando el coche de hidrógeno, y parece que la conclusión no es halagüeña. Les resulta de momento imposible seguir con estas inversiones, mientras que el mercado no les insufle ingresos por la venta de coches digamos más convencionales, con desarrollos e inversiones ya realizados, que planteen la entrada de ingresos de forma inmediata que es lo que ahora se necesita.  Parece que el futuro debe esperar.

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