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No es un vehículo tradicional ni de masas. Es una especial transformación de un icono como el Mini hacia la máxima deportividad sin concesiones.

El Mini John Cooper Works es ya una tradición dentro de la gama Mini. Destinado a un sector muy especial de compradores, con argumentos económicos potentes, el actual cuesta 46.000 euros, únicamente llegará con 100 unidades a nuestro país, de las 3.000 que está previsto producir.

Es ya la tercera generación. La primera nació en el año 2006, sobre la plataforma R53 de la marca, y se caracterizaba por sus “dotes” especiales. Más ligero que el modelo de base, con únicamente dos plazas y dos asientos, y con un motor de 215 CV derivado del 1.6 que motorizaba al Cooper S. Únicamente se produjo en 2.000 unidades, y en nuestro país se vendieron 85.

Segunda generación. R 56

La segunda generación se presentó en 2012. Se trataba de un biplaza, que también llevaba un motor sobrealimentado de 1,6 litros que producía 218 CV. Pesaba únicamente 1.160 Kg y adopto un sistema de suspensión ajustable que podía modificar su altura en 20 mm. Los frenos tampoco eran convencionales, con un diámetro de 330 mm con llantas especiales de 17 pulgadas en las que se montaban neumáticos especiales. Se produjo también en 2000 unidades.

Y ya llegamos al actual, con una ganancia enorme en todos los sentidos. Si entre las dos primeras generaciones la ganancia en potencia fue escasa, ahora Mini la eleva hasta 306 CV gracias a subir la cilindrada del propulsor hasta los  dos litros, con dos turbos, lo que eleva el par hasta los 450 Nm. Alcanza los 265 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en sólo 5,2 s.  

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